Recuerdo todas las sonrisas, todas las risas y todas las malditas veces que deseé atravesar la pantalla para abrazarte. Para darte las gracias por darle brillo a mi mundo.
Que yo lo era todo para ti, y yo sin ti no era nada.
¿Y que somos ahora?
Como si nada hubiera pasado, como si jamás hubiera confiado en ti más que en ninguna otra persona.
Y pareces querer burlarte de mi queriendo a otra gente.
Pero que ya no te necesito.
No te necesito ni a ti ni a tu cascada de pelo castaño con olor a vainilla, ni a el brillo de tus ojos cuando nos vimos, ni al sonido que hacían tus zapatos al andar, ni si quiera a la forma en la que te subías la gafas, y no te atrevas a pensar que echo de menos la forma en la que se te arrugaba la nariz al sonreír.
Y duele pero, ¿qué quieres que te diga? Nunca el dolor había sido tan bonito.
No hay comentarios:
Publicar un comentario